La Publicidad y sus Efectos: Moralidad y Altruismo

En Defensa de Compradores y Consumidores III

Para aquellos que piensan que el progreso y el éxito sólo son posibles a través de la suerte…al estar el día y a la hora adecuada.

Siguiendo el hilo conductor de los artículos: De esos Efectos Perversos de la Publicidad y Percepción-Realidad y Utilidad-Necesidad, acabo esta nueva entrega del tema que venimos trabajando: La Publicidad como herramienta perversa del engaño y generadora del consumismo desproporcionado.

Esta vez le dedicaré las líneas a quienes denomino: Los Jueces , que dotados de una psicología y conocimiento particular del mundo, poseen una destreza en argumentar, con cierta pobreza intelectual pero con mucha astucia y a través de grandes y complejas plantillas de explicación, siempre en el plano de la opinión (oídas, repetidas, experienciales, pero nunca probadas ); las razones absolutas del por qué la publicidad es nefasta. Su éxito radica en la relativización del discurso y en muchos a jugar siempre con la ofensa al otro, encubriendo todo bajo un siniestro punto de vista.

Vamos a poner de relieve tres debilidades de su encendida retórica. La Primera y la más grave, es que se dotan de un argumento que toma matices tal y como lo hacen las religiones que han alcanzado el monoteísmo. Una verdad (incuestionable) única y que protege los intereses del bienestar común, del prójimo; digamos de las Buenas Normas y Costumbres. Un ejemplo de muchos, es que hacer publicidad de dulces, chocolates o juguetes para los niños, son malas, porque cosifican los deseos del infante y suponen que la relación padre-hijo se erosiona por ello. Al hablar de ello, inmediatamente se sirven de la institución familiar, haciéndose defensores de ella (sin que ella se los pidiera) protegiéndola de las amenazas externas, y evitando supuestamente, la desintegración familiar. En esa dimensión consiguen lo que les gusta, representar la causa de alguna Bandera para apartarse de los que califican de títeres. Trasladados de la publicidad de los chocolates (y sin saber cómo ni cuándo) nos vemos contra la pared. Es imposible preguntarse: ¿Y quién se puede oponer a valor sagrado de conservación y protección de la familia para la sociedad?: Nadie. No es que tengan la verdad sino que han trasladado la discusión al plano Moral o la defensa de la misma. Ya no es una discusión sobre la Publicidad.

Lo segundo. Estando allí salta otro rasgo que les distingue. Me refiero al Altruismo. Con ello se protegen de la crítica puesto que la causa que se defiende es supuestamente social, sin pedir nada a cambio, es una responsabilidad que tienen por y en pro del bien común. En otras palabras porque la causa que defienden beneficia a la mayoría. Así que cualquier cosa que se diga a favor de la Publicidad se califica de antiética o amoral, ya que con ello se ataca sus “buenas intenciones en pro del bien todos”. Lo anterior les hace creer en la superioridad de sus ideas sobre la de los demás, cuando son sólo mortales y quiero decir con errores y por ello, Ni menos pero tampoco Más que los demás. Con argumentos como éste, es que no se pudiera hacer publicidad de cigarrillos, licores o condones. ¿Parecido o no? al fanatismo religioso.

Sin menospreciar esta habilidad retórica, aun así, carecen de base por cuanto se han saltado la capacidad de Elegir y Decidir de las personas con Libertad . Tal cosa, es la que nos aleja de toda fauna y nos convierte en Homo Sapiens. Pero, quieran o no mi estimados lectores y aunque les suene increíble, para estas personas la gente no es más que una cuerda de borregos con los ojos vendados que no pueden escapar de un sistema que los controla y éste no es otro que el malvado Capitalismo (por cierto, el cual vaticinan desde hace más de 300 años que está por desplomarse).

Según ellos, (y me pregunto yo: ¿de qué vale la pena vivir?) no puedes y nunca podrás luchar contra los grandes intereses. Con esto se saltan otro argumento. Que si bien la sociedad aspira a ser mejor, más justa y más prospera, ello lleva consigo también, por diferenciación de los intereses individuales y la naturaleza orgánica de la sociedad misma, a que las cosas que consideramos malas le son propias a todo conjunto societal. Y que por más que deseemos que todos los ciudadanos se porten o simplemente lo hagan bien, no todos lo quieren. De hecho si es lo contrario, simplemente no podríamos hablar de una Sociedad (tal vez el edén?) y que únicamente un sistema donde impere la Ley aspiraría a resolver las diferencias o asimetrías.

Lo tercero, es caer en el juego hasta la extenuación, para que simplemente te quede el sabor amargo de que no has sido comprensivo con tu prójimo.

 

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